lunes, abril 06, 2009

Y sin embargo...


Llegaste a mi vida Príncipe de Paz, alimentaste mi cuerpo hambriento y limpiaste de mí la enfermedad

A causa de mis transgresiones te consideraron de poca importancia





¡Te insultaron!



¡Te aplastaron!,



¡Te azotaron!

Fuiste juzgado, sentenciado, colgado como a un villano y muy humildemente te ofreciste como oveja en sacrificio


¡Al degüello!

Aun después de asesinado, perdonaste mis pecados.

Tu padre nunca te dejo pues fuiste obediente a su mandato y te recordo, te levanto resusitado de entre los muertos; hacendisté al cielo glorificado, inmaculado y entronizado.


Pues tu reino no era parte de este mundo y a la diestra del Dios Verdadero te has sentado y no me olvidaste, sino más bien, intercedes por mí ante tu Padre Celestial Jehová.
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m.i.d´v.

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