Espero

Tantas veces me pregunto que es lo que espero de ti.
Incontables noches me quedo mirando el cielo pegada al teléfono esperando que llames para decirme que me amas, que no puedes mas estar sin mí. Pero los minutos caminan lento, mi pelo ya enblanquece, mis ojos se empiezan a llenarse del ayer de verano que se esfuma.
Mis labios, ¡sí mis labios! estos que te besan en la memoria de mi néctar amargo, esperando recordar la miel del panal de tu boca.
¿Que qué es lo que espero de ti?
No lo sé.
Tal vez espero que me rescates como caballero medieval del dragón flameante que ruge y me aprisiona en la entrada de mi alma.
Tal vez.
O quiero que seas como aquel ¡sí! aquel campesino que llega a recoger la cosecha del fruto del árbol en el tiempo apropiado, que sabe aprovechar la temporada fértil de la tierra humedad ferviente que habita en mí, llevando consigo el canasto de mimbre rebosando de mi paso apresurado, de mi llanto, de mi calida sonrisa, mis atardeceres y lunas frías.
Espero que abrases, acaricies, y beses el botón de rosa que me acompaña en este nuevo viaje de horizontes vacilantes.
¡Sí! eso espero.
Espero también, ser el árbol de vida, que te cubra en las mañanas soleadas con mi sombra protectora, que te alimentes de mi pecho erguido para saciar tu apetito y bebas el agua que corre del manantial de mis entrañas, para que no te vayas, para que no te pierdas entre las ramas del bosque tenebroso y oscuro con fantasmas vigilantes.
Para despertar de las tinieblas de soledad acariciando las paredes de tu piel al despertar, recostada en el tapiz de tu aroma que me embriaga.

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